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18 noviembre 2022

AIGÜES DE REUS, RESPONSABILIDAD COTIDIANA EN LA DEPURACIÓN DE LAS AGUAS RESIDUALES

Un equipo de diecinueve personas hace posible, día a día, el funcionamiento de la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de Reus, una pieza clave del sistema de saneamiento, que tiene como objetivo la garantía del correcto tratamiento y retorno al medio de las aguas residuales que genera la ciudad. Curiosamente, con el paso de los años, las toallitas húmedas que se lanzan a la taza del W.C. y que llegan a la cloaca se han acabado convirtiendo en el principal problema cotidiano del sistema de depuración del agua.

El sistema de saneamiento de una ciudad lo configuran el conjunto de instalaciones destinadas a conducir y tratar las aguas residuales, concentradas previamente por la red de alcantarillado en uno o varios puntos. La EDAR es un elemento esencial de este sistema, con lo que requiere una atención permanente. Las diecinueve personas que trabajan velan diariamente para garantizar el mantenimiento y el funcionamiento correcto y con plenas garantías sanitarias de todos los procesos de depuración que se llevan a cabo.

En este sentido, la EDAR cuenta con un laboratorio (en el que trabajan seis técnicos), dedicado al control y análisis de las aguas residuales tanto en el momento en que llegan a la depuradora a través del husillo como en el momento que, después de ser tratadas, son devueltas al medio. El laboratorio analiza cada año 28.500 parámetros de aguas residuales.

«El análisis continuado de las aguas que llegan a la EDAR te permite ajustar los procesos internos de depuración con el objetivo de que el agua que se acaba devolviendo al medio después de varios tratamientos cumpla con todos los requisitos ambientales que te exige la legislación», explica Pedro Celimendiz, responsable de explotación de la EDAR de Reus.

Desde este punto de vista, hoy en día, los principales enemigos de una EDAR son dos. Por un lado, los posibles derrames incontrolados y, por otro, las toallitas húmedas que tan familiares nos resultan. «Los vertidos contaminantes son escasos, pero, cuando se producen, pueden estropear el tratamiento biológico de la EDAR, que es el corazón de la depuradora», explica Celimendiz. El tratamiento biológico de una depuradora consiste en la utilización de microorganismos que consumen oxígeno para degradar la materia orgánica, con lo que un derrame incontrolado puede resultarles letal.

Sin embargo, las toallitas son el verdadero terror cotidiano. Toda depuradora cuenta con un sistema de desbaste cuyo objetivo es evitar la entrada de residuos sólidos en las instalaciones. En el caso de Reus, se calcula que, cada año, las rejas de desbaste impiden la entrada de 225 toneladas de residuos, de las cuales un 75% son toallitas. Dicho de una de otro modo, los reusenses tiran al husillo cada año 168 toneladas de toallitas, es decir, una media de casi media tonelada diaria. El 25% restante son otros sólidos: bolsas de plástico, cartones, prendas, etc.

«El de las toallitas es un problema muy serio, ya que te obliga a una atención e inversión permanente porque un descuido, a malas, puede obligarte a detener el proceso de depuración total o parcialmente», afirma Celimendiz. Es lógico. Las fibras de las toallitas generan atascos en la maquinaria y en la red de tuberías, provocando averías
en el sistema y al mismo tiempo reduciendo la vida útil de los equipos. Así que, antes de que las aguas residuales accedan al sistema, es una prioridad absoluta apartar los restos de toallitas casi manualmente, tratarlos y transportarlos a un vertedero.

"Yo no creo que sea tanto un problema de incivismo como de confusión de términos", opina Celimendiz. A su juicio, es mucha la gente que cree que las toallitas, al ser biodegradables, pueden ser vertidas al medio. Pero una cosa es que, con el paso del tiempo, se acaben biodegradando y otra que sean dispersables, es decir, que se disuelvan en contacto con el agua. Una toallita biodegradable sí que acabará desapareciendo, pero no lo hará, en ningún caso, de forma inmediata.

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